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Folkstyle MTB: la nueva tendencia contra la toxicidad y los likes en el mountain bike


¿Qué es el FolkStyle en el MTB?. El Folkstyle MTB es una forma de entender el mountain bike más cercana a sus raíces: montar por diversión, utilizar la bicicleta que tienes, alejarse de la obsesión por la tecnología, del ego, no necesitar demostrar constantemente tu nivel, ni tener que demostrar nada a nadie, ni tener que jugarte la vida encima de la bicicleta, en resumen es volver a las raíces del MTB salir a montar por diversión y crear una comunidad alrededor de este deporte.


Imagen de rider con IA


No hablamos de una disciplina reglamentada ni de una categoría reconocida oficialmente. De hecho, el término “folkstyle” aparece en otros contextos deportivos, especialmente en la lucha estadounidense, por lo que en el mountain bike conviene entenderlo como una etiqueta cultural, una manera de describir una corriente que empieza a coger forma, más que como una modalidad con unas reglas concretas. Y precisamente por eso resulta interesante. Porque el Folkstyle no nace de una nueva suspensión, de una medida de rueda o de un motor más potente. Nace de una sensación que probablemente muchos ciclistas empiezan a compartir: el mountain bike se nos está yendo de las manos.



La forma en la que lo estamos viviendo.


Durante años hemos convertido el MTB en una competición permanente por tener la bicicleta más moderna, bajar más rápido, saltar más lejos, hacer la ruta más dura y, sobre todo, conseguir que alguien al otro lado de una pantalla diga que lo que acabamos de hacer es impresionante. Y quizá el Folkstyle sea precisamente la reacción contra todo eso.


 Ya no parece suficiente con montar en bici. 


Hay algo que ha cambiado profundamente con las redes sociales. Antes podías salir un sábado por la mañana, hacer una ruta de tres horas, llegar a casa reventado, lavar la bicicleta y sentir que habías tenido una mañana cojonuda.No necesitabas demostrarlo, no había una audiencia esperando tu resumen de la ruta, nadie tenía que aprobar tu bajada, no necesitabas conseguir quinientos likes para sentir que había merecido la pena salir de casa.

Ahora la situación es muy diferente.


El mountain bike se ha convertido en un espectáculo permanente. Cada salida puede convertirse en contenido y cada contenido necesita llamar la atención, inflar el ego de uno. Y cuanto más tiempo llevamos consumiendo este tipo de publicaciones, más alto parece estar el listón de lo que consideramos interesante, tanto que ponemos en riesgo nuestra seguridad por unos likes. 

Una bajada normal ya no impresiona. Una curva bien hecha tampoco. Una ruta de treinta kilómetros por los senderos de nuestra zona difícilmente va a conseguir que alguien detenga el dedo mientras hace scroll. Pero una caída sí. Un salto enorme, también. Una línea peligrosísima, todavía más.


Y aquí empieza el problema, porque  hemos construido un sistema en el que la espectacularidad tiene premio. El algoritmo no sabe si una persona se está jugando realmente el físico o si simplemente está haciendo una bajada divertida. Lo único que entiende es que la gente se ha detenido a mirar el vídeo, lo ha compartido y ha dejado comentarios. Y cuanto más extrema parece la situación, más posibilidades hay de conseguir atención.


Así hemos llegado a una situación bastante absurda: ciclistas que no viven del deporte, que no compiten profesionalmente y que simplemente salen a montar con sus amigos, parecen sentir que necesitan demostrar constantemente que son extremos. Como si hacer mountain bike ya no fuera suficiente.



Ahora tienes que parecer un rider Pro aunque no lo seas. 


 ¿Cuándo empezó a ser obligatorio jugarse el cuello. El mountain bike siempre ha tenido un componente de riesgo. Sería absurdo negarlo. Quien practica enduro, descenso o freeride sabe perfectamente que existe la posibilidad de caerse. Una caída forma parte del deporte y, en determinados niveles, asumir cierto riesgo es inevitable. El problema aparece cuando el riesgo deja de formar parte de la experiencia y empieza a convertirse en el contenido.


Hay una diferencia enorme entre intentar una línea porque quieres superarte a hacerlo porque sabes que el video va a funcionar en redes.  Entre saltar porque te apetece y saltar porque necesitas que el siguiente vídeo sea más espectacular que el anterior.

Entre buscar tus límites y necesitar demostrar delante de una cámara que no tienes miedo. Las redes sociales han creado una especie de escalera invisible. Lo que ayer parecía extremo hoy ya no impresiona. Lo que hace un año parecía una locura ahora forma parte del paisaje habitual de Instagram.


Y entonces llega el siguiente paso:


  • Un poco más alto.
  • Un poco más rápido.
  • Un poco más cerca del árbol.
  • Un poco menos de margen.


Hasta que un día la diferencia entre conseguir un buen vídeo y acabar con una lesión de por vida, en una silla de ruedas o en el tanatorio puede ser simplemente unos centímetros. Y lo preocupante es que el público también participa en esa dinámica. Hemos aprendido a consumir el riesgo como entretenimiento. Una caída espectacular puede tener más repercusión que una senda perfecta. 

Un susto genera más comentarios que una ruta preciosa. Y alguien que se juega la vida puede convertirse en héroe durante unas horas simplemente porque miles de personas han visto lo que ha hecho.


 El rider profesional se ha convertido en nuestro estándar, los vemos entrenar, competir, saltar, hacer manuales imposibles, bajar a velocidades que para la mayoría serían directamente impensables y afrontar zonas técnicas con una naturalidad que parece insultante. Y después cogemos nuestra bicicleta el sábado.


Ahí empieza la comparación.


  • El problema no es admirar a un profesional. Eso siempre ha sido parte del deporte. El problema es haber convertido su nivel en nuestra referencia cotidiana.
  • Parece que para salir a montar con los amigos tienes que tener una técnica extraordinaria.
  • Si no saltas, parece que no sabes montar.
  • Si pones un pie en una zona complicada, parece que eres un paquete.
  • Si bajas despacio, alguien te explica que deberías practicar más.
  • Si no te atreves con un cortado, seguramente aparecerá algún experto de los comentarios para recordarte que “eso no es nada”.


Y así hemos conseguido algo bastante ridículo: hacer sentir mal a personas que simplemente están disfrutando de su bicicleta



El Folkstyle viene a recordarnos algo tan obvio y simple, pero que a todos se nos ha olvidado 


  • No todo el mundo quiere ser corredor.
  • No todo el mundo tiene tiempo para entrenar.
  • No todo el mundo tiene un bike park cerca.
  • No todo el mundo quiere saltar.
  • No todo el mundo tiene veinte años.
  • No todo el mundo tiene que tener un tecnica impoluta
  • Y, sobre todo, no todo el mundo tiene por qué hacerlo.


Aquí aparece el Folkstyle MTB, una tendencia que puede entenderse como una reacción a ese mountain bike convertido en escaparate. No se trata de volver a las bicicletas antiguas ni de rechazar la tecnología. Tampoco significa montar despacio o renunciar a una bicicleta moderna. La idea es mucho más sencilla: recuperar una relación más auténtica con la bicicleta.


Quizá ahí esté la esencia del Folkstyle. Montar sin necesidad de aprobación. No jugarte un hueso para conseguir likes, no sentirte obligado a tener la técnica de un profesional para ser aceptado y no convertir cada salida en una demostración pública. El verdadero mountain bike sigue estando fuera de las redes sociales. En los senderos habituales, en las rutas con amigos y en esas salidas que nadie ha grabado. Quizá la nueva tendencia no consista en montar de una forma diferente, sino en recordar por qué empezamos.



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